“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”, es un ruego que nos aleja de la autosuficiencia, del “yo puedo con lo que me echen, yo no voy a caer”, el “yo nunca te negaré” de Pedro, y con el proclamamos nuestra dependencia absoluta de Dios para poder vencer en nuestro día a día. Es nuestro grito desesperado “¡Dios te necesito!”

Y es un compromiso para alejarnos de las situaciones de tentación. Como le dijo Pablo a Timoteo, “huye de las pasiones juveniles” (2ª Timoteo 2:22). No puedes pedirle a Dios que te aleje de ellas si luego tú corres presuroso al mal.

Y es una proclamación de nuestra aceptación de la voluntad de Dios. Es un “si es posible”, pero también un “pero como tú quieras”. Porque sabemos que, en cualquier caso, estamos en las seguras y protectoras manos de Dios.

Cuando entiendes y vives esto nada podrá derrotarte, sino que saldrás vencedor en todas las batallas que Dios permita en tu vida.

Pero recuerda: “Velad y orad, para que no entréis en tentación”

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