No améis el mundo, ni las cosas que están en este mundo…

Una de las mayores trampas para nuestra vida espiritual es dejarte atrapar por las actividades y prioridades de este mundo.

Esto no significa que evites cualquier tipo de relación o actividad que no sea estrictamente espiritual, sino que no las pongas en primer lugar.

Por supuesto que puedes buscar una buena posición social, profesional o familiar, pero que nunca sea a costa de comprometer los principios espirituales ni tu relación con Dios.

Recuerda que «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella (Proverbios 10:22)».

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