Dios es un Dios de justicia. Pero al contrario de lo que muchos creen, eso no significa que Dios sea un Dios de ira y de castigo.

Su justicia es muestra de su amor. Por supuesto que Él retribuirá a cada uno conforme a sus actos, pero eso no es venganza o ira, sino respeto y amor.

Respeto a la libre voluntad de cada uno de nosotros, Él ha dejado claramente indicadas las consecuencias de la desobediencia a su ley y el desprecio al ofrecimiento, por amor, de su gracia.

Somos nosotros los que escogemos obedecer o desobedecer, aceptar o rechazar y, con ello, somos nosotros mismos los que escogemos nuestro destino.

Dios, por amor, decidió ofrecer su gracia a todos, para no tener que ejercer la parte “triste” de su justicia.

Y Dios, por amor, siempre mantendrá su gracia a aquellos que deciden aceptarla y seguir fieles hasta el final, cumpliendo su llamado y su labor.

Y entonces, su justicia traerá a memoria tu fiel servicio ante Él y gozarás del fruto de tu obra.

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